
El despido es una de las situaciones más delicadas dentro de la relación laboral entre empresa y trabajador. Cuando un empresario decide poner fin un contrato de trabajo debe hacerlo respetando una serie de causas y procedimientos establecidos en la legislación laboral. Sin embargo, no siempre se cumplen correctamente estos requisitos, lo que puede dar lugar a que el despido sea considerado improcedente. Esta figura jurídica es una de las más frecuentes en el ámbito del derecho laboral y tiene importantes consecuencias tanto para el trabajador como para la empresa.
Es importante tener en cuenta que la normativa laboral española establece diferentes formas de finalización del contrato por decisión o voluntad del empresario y que puede ser calificado como procedente, improcedente o nulo.
En términos generales el despido improcedente es aquel que se produce sin que exista una causa válida que lo justifique o cuando la empresa no puede acreditar correctamente los motivos alegados para extinguir el contrato. También puede considerarse improcedente cuando el despido se ha realizado sin respetar las formalidades exigidas por la normativa laboral.
En este sentido, no se trata de un tipo de despido específico, sino de la calificación jurídica que puede recibir un despido tras analizar si cumple o no con los requisitos legales. Esta calificación puede ser reconocida por la propia empresa o declarada posteriormente por un juez tras examinar las pruebas presentadas por ambas partes.
Para comprender mejor el concepto de despido improcedente es necesario conocer los principales tipos de despido que existen en el ordenamiento jurídico laboral español. La legislación laboral distingue entre: el despido disciplinario y el despido objetivo.
Tanto el despido disciplinario como el objetivo pueden ser calificados como improcedentes si no se justifican adecuadamente o si no se han seguido los requisitos formales establecidos por la ley.
Existen diversas situaciones que pueden dar lugar a que un despido sea declarado improcedente:
Cuando un despido es declarado improcedente se generan una serie de efectos jurídicos importantes.
La legislación laboral establece que la empresa deberá elegir entre dos opciones:
La readmisión implica que el trabajador regresa a su puesto en las mismas condiciones laborales que tenía antes del despido. Además, la empresa deberá pagar los salarios de tramitación, que corresponden al salario que el trabajador dejó de percibir desde la fecha del despido hasta la resolución judicial.
La segunda opción, abonar una indemnización, es la extinción definitiva del contrato mediante el pago de una compensación económica. Esta suele ser la opción más frecuente en la práctica, aunque la decisión corresponde generalmente al empresario.
La indemnización por despido improcedente está regulada por la legislación laboral y se calcula en función del salario y la antigüedad del trabajador en la empresa.
Con carácter general, la indemnización es de 33 días de salario por año trabajado, prorrateándose por meses los periodos inferiores a un año, con un límite máximo de 24 mensualidades.
No obstante, para contratos firmados antes del 12 de febrero de 2012 existe una regla especial. En estos casos, el tiempo trabajado antes de esa fecha se calcula a razón de 45 días por año trabajado con un máximo de 42 mensualidades, mientras que el tiempo posterior se calcula a razón de 33 días por año trabajado.
Estas indemnizaciones tienen como finalidad compensar al trabajador cuando se produce una extinción injustificada de su contrato de trabajo.
Cuando un trabajador considera que su despido no se ha realizado conforme a la ley, existe la posibilidad de impugnarlo a través de un procedimiento legal específico.
El plazo para iniciar este proceso es de 20 días hábiles desde la fecha en que se comunica el despido. Este plazo es relativamente breve, por lo que es importante actuar con rapidez para evitar perder el derecho a reclamar.
El primer paso consiste en presentar una papeleta de conciliación ante el Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación (SMAC). Este trámite es obligatorio antes de acudir a la vía judicial y tiene como objetivo intentar alcanzar un acuerdo entre la empresa y el trabajador.
Durante el acto de conciliación ambas partes pueden negociar una solución. En algunos casos, la empresa reconoce la improcedencia del despido y se compromete a abonar la indemnización correspondiente.
Si no se alcanza un acuerdo en el acto de conciliación, el siguiente paso es presentar una demanda ante el juzgado de lo social. En este procedimiento judicial se analizan las pruebas aportadas por ambas partes y se determina si el despido se ajusta o no a la legalidad.
Será el juez quien finalmente determine si el despido debe calificarse como procedente, improcedente o nulo.
La posibilidad de impugnar el despido es un mecanismo esencial para garantizar la protección de los derechos laborales. Gracias a este procedimiento se puede revisar si la empresa ha actuado correctamente o si, por el contrario, el despido se ha producido de forma injustificada o irregular.
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